Author Avatar por Jesús Cerda
diciembre 21, 2020

Ataraxia y Aponía

Me dio las gracias y no supe bien a qué se refería, de hecho, le dio las gracias a cualquiera que iba pasando, me daba ternura con sus zapatos rotos y con la piel de su nariz y frente quemada por el sol. En cualquier caso se le notaba que llevaba dura la jornada y que las monedas, esta vez, no brincaban en su bolsa de colores que llevaba atada a la cintura como otros días, por los mismos tiempos

Hace meses que le miro pidiendo ayuda a los que pasan en sus autos apurados por llegar a sus destinos y el, tranqui, regalando una sonrisa que algunos ni siquiera se detienen a ver, es más que ni notan ni les importa.

Ese día había elegido el semáforo frente a los restaurantes, intuía por lo que veía, que en ese sitio, en donde les daban de comer y beber a los que bajaban de los autos, les ponían además de buen humor, pues usualmente los que ni lo miraban, preguntaban por su nombre y hasta billetes le tocaron más de una vez.

Su novia Martina le explicó mil veces que ahí se emborrachaban y por eso aflojaban con más facilidad, pero el lo olvidaba enseguida encantado por ver a la gente más dispuesta a su saludo que dicho sea de paso, era bastante singular: ¡Gracias por todo! repetía y miraba con dos ojos brillantes como rayos de sol reflejados en el agua.

Algunos de los que pedían ahí mismo se molestaban, pues si hacer ningún malabar y sin bailar o limpiar cristales, Rafa conseguía, aún en los días malos, mucho más que todos ellos juntos. Incluso los chicos que pedían dinero para asistir al mundial de balero a celebrarse en Yucatán el primer dia del 2021 o los que casi sin ropa, intentaban complicadas pirámides humanas -que de no funcionar sin duda implicaría un terrible accidente- se molestaban un poco, pero, el enfado les duraba casi nada, si Rafa lo notaba, les regalaba enseguida sus monedas, sacandolas del morralito aquél que de tan viejo y gastado parecía a punto de romperse siempre.

Y ahí es donde Martina aparecía de la nada exigiendo que le devolvieran lo que él también necesitaba.

Siempre se las devolvían pero les gustaba molestarla para verla encendida y escuchar todas las maldiciones que se sabía en varias lenguas.

Al caer la tarde, Rafa se sentaba bajo los árboles del parque y comía de lo que alguien le alcanzaba.

Los que lo veían no tenían menos que entusiasmarse al verlo y escuchar cómo saboreaba lo que comía.

Hola Rafa, cómo terminó tu día esta vez? -pregunté.

-Y ¿cómo había de ser? -respondió sonriente-, ¡mira que hermosa es la vida!

De la nada, como cada tarde, aparecía la novia a revisar con quien hablaba…

-Otra vez el preguntón Rafa, dile lo que quiera y que se vaya y nos deje en paz que tenemos que regresar a casa y el camino es largo-

-¿Y que te inquieta tanto amigo que vienes a saludarme todos los días? ¿Que te hace suponer que yo puedo responder tus dudas?

-Solo deseo que me digas como haces para ser tan feliz

-¿Y de donde concluyes que yo puedo darte esa respuesta?

-Es fácil viendo cómo brillan tus ojos y como sonríes con tanta facilidad.

– De cierto que no lo sé, pero te puedo decir que pasamos la mayor parte de la vida evitando el dolor y buscando el placer y mucha gente se juega el futuro por obtener algo inmediato. Yo, soy feliz porque no tengo nada, lo tuve y lo solté porque me ataba y me esclavizaba y ahora, que nada espero, tengo todo. Si pensamos que el sentir placer es el fin no hablo de los placeres de los disolutos, ni de los crápulas o libertinos, que residen en el goce regalado  “ni las bebidas ni los banquetes continuos, ni el goce de muchachos y mujeres, ni de los pescados y todas las otras cosas que trae una mesa suntuosa, engendran la vida grata, sino el sobrio razonamiento que indaga las causas de toda elección y rechazo, y expulsa las opiniones por las cuales se posesiona de las almas la agitación más grande, si no van acompañados de la prudencia, que no es más que el sabio cálculo de las consecuencias que se siguen de cada acción.

Habría que hablar de Ataraxia o de Aponía, pero ahora no puedo mas, como sabes vivimos lejos y ya es un poco tarde. Otro dia con mas calmita.

Y son ese brillo tremendo se despidió con un guiño sabiendo -creo yo- que me había clavado certero el dardo…

 

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